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escribir libros

Tras cultivar el género poético y la literatura social, Jorge Sánchez López despliega su talento en tramas de suspense. De hecho, este mismo mes de febrero se prevé que salga a la venta su última novela, Dry Ice (Hielo seco). Este escritor polifacético se mueve por su vocación y formación como psicólogo, versado en criminología, y filólogo para adentrarse en las razones de las conductas y miserias humanas, así como la sociedad que las envuelve. Nadie como él para aconsejar una lectura sobre realidades muy vigentes y otras dos que despuntan por su brillantez narrativa y el ingenio para mantener en vilo a los amantes de la novela negra.

Ayer, de Agota Kristof

Ayer, Agota Kristof

A través de las referencias aportadas por Sara mesa en su obra “Cicatriz”, llegué a conocer a esta autora húngara. Forzada a los veintiún años a huir por la amenaza de la ocupación soviética, Agota vivió el resto de sus días en Suiza, donde escribió en francés con un sorprendente manejo de la que fue su segunda lengua. Con un tinte autobiográfico, demuestra la idea de que, sin importar si se es más o menos alegre en el día a día, la gran literatura la forman a menudo los temas que atormentan a los autores.

En Ayer está muy presente el tema del exilio, el desarraigo y la discriminación en un país cuyo nombre desconocemos. El protagonista, Tobías, que ha cambiado su nombre a Sandor, huye de un oscuro pasado para sumergirse en la rutina de un trabajo en una fábrica, que compagina con servicios de traducción para algunos de los compatriotas que viven en el mismo barrio.

Obsesionado con el primer amor de la infancia, Lina, que es también en cierto modo una idealización, espera su llegada mientras pasa el tiempo acostándose con Yolanda, una mujer a quien en realidad no ama. De repente, Carolina aparece, casada y con una hija, sin conocer el pasado que ambos  tienen en común. Sandor se ha formado una idea equivocada acerca del destino de sus padres. La anomia moral se enfrenta a los deseos más humanos, más nobles, los sueños y las ilusiones más difíciles de cumplir, que junto con la entrega al proyecto de vida más realista y más estabilizador pero a la vez más frustrante forman la cara y la cruz de la existencia. Incluso la idea del «extranjero» como algo no literal, una metáfora de la condición de todas las personas, me recuerda al libro del mismo nombre de Albert Camus.

Cuando una obra te encoge el corazón de la manera en que lo hace esta, cuando es capaz de crearte una sensación de frío interior e intranquilidad a la vez que da paso a la ternura sin caer en sentimentalismos baratos, y lo hace con frases cortas, una enorme capacidad poética y a la vez un estilo tan conciso, sabes que estás ante una auténtica obra maestra. Aun retratando una realidad muy dura y que no pasa desapercibida, recomiendo encarecidamente su lectura, ya que ahí es donde reside su grandeza.

Solo una película amarga, de Jordi Sierra i Fabra

Vuelvo hoy con el que se está convirtiendo en uno de mis autores favoritos. Siendo el escritor con más libros publicados en español, con cerca de 500, destaca especialmente en el género de suspense.

En este caso, la acción se sitúa en Barcelona durante el franquismo tardío. Un empresario de la construcción aparece muerto con una nota clavada en la frente que dice «por Simón». Hilario Soler y su ayudante Quesada irán interrogando una a una a las personas que pueden saber algo del tema, lo cual sirve para crear una acción trepidante con tramas y subtramas donde se desvelan las pasiones, motivaciones y miedos de los personajes.

Una vez más los giros que se producen en el relato, junto a la medida duración de los capítulos y el avance a través de acciones y diálogos, hacen de la lectura algo ameno y estimulante. El narrador en tercera persona adopta principalmente el punto de vista de Hilario, desvelando su vida familiar con la que alterna su profesión, así como sus impresiones acerca del caso. El resultado es una identificación con el policía, al que acompañamos en su búsqueda.

La intensidad y progresión de las escenas están bastante bien medidas, al igual que la dosificación de la información que da y oculta al lector; en mi opinión, ello convierte a este libro en uno de los mejores que ha escrito utilizando detectives e inspectores. Uno más para la colección de los amantes de la novela negra.

The sentence is death, de Anthony Horowitz

Durante el largo confinamiento, este fue uno de libros de suspense que devoré, dada la compleja y adictiva trama creada por el autor. Y es que Anthony Horowitz, seguidor incondicional de Sherlock Holmes, nos plantea una emocionante historia en la que él mismo, como personaje y escritor cuyas obras son llevadas al cine, se ve envuelto en la investigación de un doble asesinato en la que hará de Watson para un inteligente detective.

En este caso observamos una precisión milimétrica, espectaculares giros que engañan al lector hasta el final, múltiples sospechosos, pistas y posibles explicaciones lógicas que van cambiando a cada paso, lo que hace que no puedas soltarlo. Todas estas son características que valoro mucho porque contribuyen tanto a retratar la imperfección del detective como a aumentar la tensión.

El asesinado es un abogado matrimonial, especializado en divorcios, al que le estampan una carísima botella de vino en la cabeza dejándole desangrarse. Poco a poco se va descubriendo que un antiguo amigo de este ha muerto también veinticuatro horas antes en circunstancias sospechosas, relacionadas con un escabroso suceso que ocurrió años atrás,  y la lista de personajes  que tienen importancia en el desarrollo del argumento incluye a clientes y sus parejas, amantes, amigos y otras personas con las que establecieron relaciones profesionales.

El gusto por el detalle, por la búsqueda de pistas, los tiempos muertos en las que el escritor/investigador reflexiona intentando desenmarañar las cosas, los interrogatorios y los conflictos de intereses reales e imaginados hacen de este libro, que formará parte de una trilogía a desarrollar por el autor, uno de los mejores que he leído últimamente. Me pareció muy curioso como recurso metaliterario (literatura dentro de la literatura) la implicación del propio Horowitz como personaje que se ve salpicado por el caso mientras intenta escribir sobre él, a la vez que indica, en una nota final, que ha tenido que hablar con múltiples profesionales legales y meterse en ciertos líos para poder escribirlo. Un gran acierto, sin lugar a dudas.

Jorge Sánchez López
Jorge Sánchez López

Jorge Sánchez López nace en Madrid en 1981. Es licenciado en Psicología y graduado en Estudios Ingleses y actualmente se dedica a la enseñanza de inglés como lengua extranjera. Ha publicado los poemarios Sentimientos o vasos comunicantes (Andante, 2011), Errática textura (Celesta, 2013), y Aire y Ángeles, traducción de la obra del poeta metafísico John Donne (Celesta, 2015). Su libro de relatos Remontar la corriente (Libros Indie, 2019), de corte realista y social, ha sido acogido con entusiasmo por los lectores por su estilo directo y reflexivo. Nunca debiste atravesar esos parajes (Extravertida, 2020) es su primera novela negra. Su novela corta de suspense Dry Ice (Hielo seco), ambientada en Oropesa del Mar y pueblos cercanos, será editada en febrero de 2021 por el sello canadiense Clublighthouse Publishing. Ahora se encuentra inmerso en la escritura de una novela de misterio más larga con toques de drama, que transcurre a finales del siglo XX.

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